martes, 8 de enero de 2013

DAVID N. CAMPOS






El árbol y las horas


  
Las nubes donde
amaneces
escondida del árbol
tienes la dureza de
la lluvia que revienta
en la hoja, la calle y el mismo árbol
que en estos días de nube
entregas sus raíces al desierto.
Luego viene el mediodía
y los granos de arena
suben densos
-a este reloj vivo de las horas-
por las venas donde antes tu nube
volaba.
Las horas perdidas
de tus ojos y los míos
se cuelan al interior de los días
que tienen otros nombres
otra historia
que tiene como primer
asunto en la agenda
hacer más desierto la arena
abrasar más calor en los
                                               espejismos
y no saber si es el sol, la nube
o tus días deshidratan
las horas sin horizonte.
Son los días, son los días,
cuerpos inertes cuyo vacío
nos detiene.
Son las vidas,
eso que se intenta vida
pero vaga entre los eventos
sin sentido,
quedar bien con un reino
que no es el nuestro,
respetar las leyes erradas
erróneas de los ojos
que rigen con miedo
y del miedo nace la
luz desviada de las plazas.
Pero hay que salir,
hacer ceremonias con libretos.
tener el vestuario adecuado
para seguir con esos juegos.
Del horizonte el mismo sol saldrá
la misma nube esconderá
tu rostro
la misma espera
                               (árbol-reloj de arena)
del árbol y las horas se detienen en tus ojos.

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