lunes, 12 de agosto de 2013

JUAN SANCHÉZ PELAEZ




No te empecines



No te empecines: fija a tu relámpago el oro extremo de
    sílabas.

No mientas: tu valle profundo es la casa hechizada.

No ilumines nunca lo vacío. No expreses horror.

No tiembles por esa lágrima de plomo
    (de lo que no vuelve nunca o no hallas nunca).

La memoria olfatea a tu reina vestida de gala.

Consta de unas cincuenta plumas el gavilán. Cincuenta.

Sin embargo

No devorarás más tiza en Trinidad o Maturín.

No estimules el grito haciendo equilibrio entre el bien
    y el mal.

El ligero crepúsculo no es cordero de pascua.

El desgarrón del otoño es tan poco simple como la
    tempestad.

Tu asombro es eficaz como el tacto de un ciego.
¡Sopla nieve loca entre los pinos! ¡Jadeante pomposa
    desconocida vastedad azul!

¡Sopla por la nariz el día y el plato por la sombra del
    arcángel donde brinca la nada!

El ave resbala por intermitencias en una mesa con huesos
    de pájaro.

El ave que se transforma en espíritu.

La noche es una piedra alta
    colocada sobre las estrellas del cielo.

Más próximas sus manos
    más cercana      toda mía

más cerca el amor   más cerca y salvaje que gime tu mirada.

Espera     no te empecines     empínate talante propio.


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