domingo, 15 de septiembre de 2013

ELVA MACIAS




Julio



En julio un sicario cruzó nuestra aldea.
No miraba a los lados
creía que el horizonte era suyo
pero las montañas cambiaban de lugar
y se burlaban de su marcha.

Atrás dejó el mercado
las casas que no están emparentadas conmigo
y la gran cisterna de piedra.

De su mochila tomó el fruto envenenado
y lo llevó a su boca con amargas mordidas.

Su muerte no pasó desapercibida
para los perros del pueblo
aullaron
como cuando muere uno de ellos.

De “Caravanas en riesgo”



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