lunes, 3 de agosto de 2015

JOSÉ MARÍA EGUREN


 


 

De Occidente la luz matizada
Se borra, se borra;
En el fondo del valle se inclina
La pálida sombra.

Los insectos que pasan la bruma
Se mecen y flotan,
Y en su largo mareo golpean
Las húmedas hojas.

Por el tronco ya sube, ya sube
La nítida tropa
De las larvas que, en ramas desnudas,
Se acuestan medrosas.

En las ramas de fusca alameda
Que ciñen las rocas,
Bengalíes se mecen dormidos,
Soñando sus trovas.

Ya descansan los rubios silvanos
Que en punas y costas,
Con sus besos las blancas mejillas
Abrazan y doran.

En el lecho mullido la inquieta
Fanciulla reposa,
Y muy grave su dulce, risueño
Semblante se torna.

Que así viene la noche trayendo
Sus causas ignotas;
Así envuelve con mística niebla
Las ánimas todas.

Y las cosas, los hombres domina
La parda señora,
De brumosos cabellos flotantes
Y negra corona.

 

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