viernes, 24 de noviembre de 2017

LEONARDO VARELA




Tabernáculo



Susurro tu nombre
a los leones dormidos del poema
sobre cuya cabeza
se desliza una luna inverosímil
colmando de arena
el afligido espacio entre los cuerpos
aún por descubrir: ahí
donde se unen labios
y una mujer desnuda
brota de la ficción, monologando
su reino de agua
en las riberas del acertijo.

Recuerdo el mar y me recuerdo a mí mismo
(Panero dixit)
desnudo ante los nombres, omitido
de todo libro de caballería,
insomne y residual, asiendo
el espectro de un cigarro como ante
un vaso que escapa de mi mano
mientras lo sostengo, como un lago
en el cual me sumerjo
sin llegar a tocar jamás su fondo
sin saber ja-mais de ti
que la palabra que me has dado
como prenda de fe,
cual testimonio de omnipresencia.

Susurro tu nombre a los oídos del huracán
cuando siento caer la delgada retícula del sueño
y el valeroso patio muere
a manos del insomnio cobarde, oh cabellera
más fuerte que una espada bajo los párpados
arrojados a la negrura del estanque
donde la noche danza
y los pájaros luchan por la posesión de la pesadilla.


De: “Tabernáculo”


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