martes, 15 de enero de 2019

ANA MINGA




  
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Llueve
ahuecada lluvia en la que un cadáver pide limosna.
Nunca había visto a un cadáver pedir limosna.

Los pies caminan sobre la locura
ese engendro que no cierra la boca.

Rinocerontes son el perro y el por qué
audaces son el sí y el no
el azar se entiende con el quizá.

Sigue la lluvia
ese cadáver arde en dolor
llora como lo hace un borracho
con todo su cuerpo.

Desde la migraña
quito una lagrima de cebolla
y con uno ojo abierto y otro cerrado
me llega la realidad a palazos:
bajo la lluvia
un cadáver pide limosna.


De: “Pájaros huérfanos”.



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