Metralla
«Al galope y siempre con las cabelleras
del enemigo en la mochila»
ANTONIO BENICIO HUERGA
Metralla,
como en los viejos tiempos. Metralla, metralla, metralla. La metralla de tus
ojos, por ejemplo. La metralla de mis días al borde de ti, la metralla de tu
boca sobre mi boca, la metralla de mis inolvidables días en los acantilados de
tu risa, metralla, metralla, metralla, como en los viejos tiempos. Metralla en
mis bolsillos, metralla en tus caderas, metralla en los rincones del mundo,
metralla en las viejas ciudades, metralla en las aldeas, quiero metralla en mis
palabras, quiero metralla en las banderas, sueño con metralla entre mis piernas
y ansío la metralla entre tus ingles. Metralla, metralla, metralla, como en los
viejos tiempos. Sólo metralla en las librerías de mi barrio, metralla en las
postrimerías de mi empeño y metralla en los olvidados rincones de tu
desilusión, en los jirones de tus vaqueros ajustados que te arranco como si yo
mismo estuviera poseído, y metralla también en los putos callejones del olvido,
en los jodidos, vastos y cernudianos jardines sin aurora. Metralla, metralla,
metralla. Como en los viejos tiempos. Metralla en la aquiescencia, metralla en
las pilas bautismales y en las cafeterías, metralla en la tarde y metralla
también al mediodía, metralla en los paseos marítimos, en las verdulerías,
entre los vencejos y las golondrinas, metralla, metralla, metralla, como en los
viejos tiempos. Metralla que hoy, aquí y ahora te ofrezco como el delicado
narciso de mi rebeldía, como la flor atribulada de mi melancolía.
De:
“¡Hallelujah!”
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