viernes, 10 de febrero de 2023

MANUEL DE LA FUENTE VIDAL

 

 

El regreso de un soldado

 

Vuelvo de la guerra como un cruzado malherido, perdí la Jerusalén de tu mirada, perdí el alazán de tu sonrisa, perdí las banderas y los ríos, perdí las riberas y los bosques, perdí el estandarte de tu sagrado amanecer. Y hoy camino por mi vieja patria saqueada, por las ruinas de ermitas y de iglesias, y rezo en monasterios de los que Dios huyó abochornado. Mi vieja yegua de combate gime, y las golondrinas llevan en sus ojos un doliente aire de tristeza, y vuelan en círculo enloquecidas por el desgarro y el desamor. Ésta no es mi tierra, estos no son mis árboles, éstas no son mis rosas ni mi brisa, estos no son mis castaños ni mi aliento, y ni siquiera veo las estrellas de mi cielo. Nadie me espera aquí, no hay un cuerpo que deba colmar, ni amigos a los que abrazar, ni querubines a los que mecer, tan sólo tres gatos que son las mejores personas que conozco. He llegado aquí y tú no estás, he llegado aquí y la ropa de tu armario huele a olvido, he llegado aquí y de las ventanas sólo cuelgan crespones de dolor. Tan sólo soy un soldado que saborea la derrota.

 

De: “¡Hallelujah!”

 

 

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