Debajo
de la ciudad
Cuando
te sientas en el último vagón abres el libro
de la vida dulce, y olvidas las señales que te acechan
en cada paradero. La gente sube y baja y conversa a
través de textos indescifrables en los teléfonos móviles,
quizás para suplir el miedo del encuentro, el mirarse
a los ojos fijamente, y vibrar con la vida que
vuela con los cabellos negros de aquella mujer que
espero en el paradero.
De:
“Un árbol cruza la ciudad”
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