¡Hallelujah!
«Oí que existía un acorde secreto. Que David tocaba y
complacía al Señor»
¡Hallelujah!, de LEONARD COHEN.
«Sean consumidos de la tierra los pecadores, Y los impíos
dejen de ser. Bendice, alma mía, a Jehová. Aleluya»
La Santa Biblia.
Que
las madres del terror y del desánimo queden para siempre yermas, ¡Hallelujah!
Que los vientres de las princesas pérfidas queden para siempre estériles,
¡Hallelujah! Que el silencio y la desdicha abandonen nuestro asiento,
¡Hallelujah! Que caigan de su trono los reyes ensoberbecidos, asesinos y
sombríos, altaneros y fatuos, ¡Hallelujah! Que la oscuridad y las penurias
desalojen nuestro reino y nuestra hacienda, ¡Hallelujah! Que se siembre la
discordia entre los que permiten el desabastecimiento y la hambruna de las
naciones, ¡Hallelujah! Que los poderosos y los impíos vean cómo se agostan sus
cosechas y se empozoñan sus sembrados, ¡Hallelujah! Que los explotadores vean
un puñado de rayos homicidas caer sobre sus hirsutas cabezas, ¡Hallelujah! Que
se rasguen las vestiduras, se mesen los cabellos y las barbas los que nos
acosan día tras día con su cruel codicia, su latrocinio y su avaricia,
¡Hallelujah! Que desaparezca de nuestras 85 horas el viento del desconsuelo y
la penumbra, ¡Hallelujah! Que crezcan rosas y lirios en el jardín de nuestros
pequeños alevines, ¡Hallelujah! Que huyan con el rabo entre las piernas quienes
comercian con nuestras penas y pesares, nuestra desolación y nuestro desamparo,
¡Hallelujah! Que arda por los cuatro costados el ejército de la desolación y la
ignorancia, la gleba de lo paupérrimo y la tiniebla, ¡Hallelujah! Que se
resquebrajen las ciudades donde reina su imperio de pecado y desvergüenza,
¡Hallelujah! Y que por fin y hasta el fin de los días Padre, Hijo y Espíritu
Santo nos acojan en la gloria de su seno, ¡Hallelujah! ¡Hallelujah!
¡Hallelujah!
De:
“¡Hallelujah!”
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