Prólogo
Escribo
poesía caminando.
Árboles
como estrellas
en el patio lleno de geranios.
Las
ciudades pasan con sus ojeras
bebiéndose toda el agua de las calles.
Dios
es el río: un aire de mar brota
de su casa, relámpagos y cuervos
embellecen otra vez las nubes.
Allá
las torres y los siete mares,
aquellos reyes coronados por ellos
mismos en el festín de la poesía.
Aquí
multitudes de arcos abren
portones para ver el corazón.
La
poesía es así: un árbol desconocido
que cruza la ciudad.
De:
“Un árbol cruza la ciudad”
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