Lo
transfigurable es eterno
De esta poesía me queda esa nada de secreto inagotable.
Giuseppe Ungaretti
La
mano que amaste
se ha disuelto en la nada
pero el rastro persistente de su tacto
te hará caminar calcinante como un mediodía
en medio de las noches y el invierno.
Los
labios que amaste o ese edén partido en dos
se han transformado en aire
pero el vestigio cimbreante de su beso
engendrará un poema.
Los
rasgos del rostro que amaste
se han fracturado
dejaron de ser tu santuario
para renacer como trazos intactos
del amanecer.
La
flor de tu vida
tantas veces respirada
se marchita
pero tú
te conviertes en paisaje.
Lo transfigurable es eterno.
Tras la masacre enardecida
de la disolución
siempre
hay semillas en vuelo.
De:
“Transfigurar es un país que amas”
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