miércoles, 1 de febrero de 2023

PIA TAFDRUP

 

  

La caída del muro

  

Deseo en enero de 1989 con tanta fuerza

como puede desear una persona

ser algún día testigo

de la caída del muro de Berlín.

Estoy 200 años después de la Revolución Francesa

en el frío de un lugar elevado,

observando el cemento, el alambre de espino, las verjas electrificadas,

filas de barracas grises y lúgubres.

Hay conejos salvajes saltando alrededor de la zona

entre el este y el oeste.

Ese mismo año se abriría la frontera,

yo lo veo en diferido el 9 de noviembre

desde West End Avenue en la tele estadounidense.

Los guardias levantan las barreras,

permiten sin trabas

que los coches y peatones circulen libremente

del este al oeste

mientras la gente en algún lugar entre sueños diurnos y nocturnos escala el muro.

La noche socialista se diluye

en la capitalista, el júbilo

no tiene fin,

la fiesta en las calles dura toda la noche.

Oigo dos días después en The Kitchen

que Heiner Müller y Heiner Goebbels

aparecen haciendo un bis

acerca de la caída del muro,

la sala está hirviendo, una alegría aguda

hace estallar el momento.

Cae el muro, el cemento, las verjas

y el miedo cotidiano.

Oigo saludos desde Alemania

en Nueva York,

los anuncia Heiner Müller,

que es conocido como artista,

no agente.

El ojo ígneo del sol,

algo atraviesa el tiempo flotando,

el cielo se hace grande sobre Berlín. 

 

De: “Sol de salamandra”

 

 

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