Abro
mis manos en el deshojado otoño.
Persiste la escarcha del primer abandono de los árboles
y el agua va vestida de niebla.
Allí está el parque pintado por la muerte
de la savia que ha huido al corazón de la tierra.
Las estrellas, ojos de pájaros incorpóreos,
entre mi ser y el tuyo
navega mi limitado canto hacia tu eternidad.
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