Jujeñita
Abajeña
linda,
carita rosada,
mujer de las melgas,
paloma del Zapla.
batita
celeste,
sombrerito ‘i paja,
pañuelo de seda,
zarcillos de plata.
Un
día de ferias,
bailando en las carpas,
me miraste tanto
después de una zamba,
que
desde esa tarde,
jujeñita guapa,
pa mi no pasaron
las ferias de Pascua.
Por
eso me’i güelto
con ochenta cargas
a cambiar tus ojos
por lo que quisiera
dármelos tu tata.
Traigo
en mis burritos
mil kilos de lana,
cuarenta picotes
y un almud de grasa,
barracanes
finos,
chalonas y papas,
sombreros alones
de purita alpaca.
Pero
por si acaso
no afloje tu mama,
le traigo dos onzas
de pepitas de oro
de la Rinconada.
Y si
con todo esto
todavía se trancan,
tengo un macho zaino
de correr guanacos
pa echarte a las ancas.
Abajeña
linda,
carita rosada
como las arenas
que amontona el huaira.
Mujer
de las melgas,
paloma del Zapla,
te ofrezco mi pecho
como un oratorio
llenito de guaicas.
Te
ofrezco mi tierra
con sus llanos anchos
y sus peñas largas,
mis cerros azules
cubiertos de puyas,
perfumaos con salvias.
Te
ofrezco mi choza
guaillada con iros,
pircada con champas;
te doy, como a nadie,
los blancos corderos
del corral de mi alma.
Vamos,
jujeñita,
que ya tengo lista
la yegua ensillada;
vendremos cada año,
pa cuando haiga ferias,
con muchas petacas.
Y
entonces, bailando
de nuevo una zamba,
las mozas solteras
que se te reían
lloraran de rabia.
Vamos,
jujeñita,
ramito de albahaca,
mi magre te espera:
la Puna callada,.
la
Puna tristona,
desnuda, lejana,
que esta en las alturas
como nuestra Virgen
de la Candelaria.
Abajeña
linda,
carita rosada.
Mujer de las melgas,
paloma del Zapla,
un
día, en las ferias,
bailando una zamba,
se quedo mi vida
de tras de tus ojos
cercaos de pestañas.
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