Sobre
la gran ciudad
Sobre
la gran ciudad,
donde el viento susurra entre parques y jardines,
en el aire, las altas nubes cavilando,
en las líneas de perspectiva de las calles, las lámparas, el tráfico,
las aceras y los innumerables pies que pasan sobre ellas,
Yo Soy: no te equivoques—no te dejes engañar.
No pienses que porque no aparezca a primera vista—porque los siglos han pasado
y no hay noticia segura de mí—por ello no estoy allí.
No pienses que porque todo sigue su propio camino yo no sigo el mío a través de
todo.
La inclinación fija de los rostros apresurados en la calle—cada uno vuelto
hacia su propia luz, sin ver otra—y sin embargo Yo soy la Luz hacia la que
todos miran.
El trabajo de tantas manos con tantos fines diversos, y aun así mi mano conoce
el toque y el entrelazarse de todas ellas.
Todos vienen a mí al fin.
No hay amor como el mío;
pues todo otro amor toma a uno y no a otro;
y otro amor es dolor, pero este es gozo eterno.
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