La
mujer dejó sus ojos…
La
mujer dejó sus ojos
preñados
de amanecer en una esquina,
su
risa,
sus
silencios
los
atravesó de trenes lentos,
merolicos
partiéndose de sueños
y
luces
que
se tramaban en su pecho
para
abrirse días
y
empezar de nuevo.
De: Para que partan los
pájaros
Traducción de Felipe
Sentelhas
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