martes, 27 de noviembre de 2018

ARISTÓTELES ESPAÑA





Aparición de Karen Devia

“de una mano a otra mano solíamos viajar”
 Enrique Lihn



Regresa el lenguaje, los sonidos de vocales; intensas,
la melancolía de partir y ser un conejo errante,
lleno de pieles extrañas;
ser un cóndor también
en lo alto de una montaña,
llenar el caos con el misterio
de sus preguntas;
una especie espejo en un trapecio
con sus ojos de poeta,
con sus labios de aleluya;
leer las venas de la soledad
como quien escucha a Mozart
recostado en un eucaliptos.
Aprendo de ella de la inmortalidad, el significado de ser lúdico,
volver a actuar en el escenario del mundo
con mis orejas heridas
y el tacto de la urbe.
Viajar en su poeta móvil es un viaje al infinito,
cerros, calles rojas, hospitales,
fotocopias de los adverbios que no quedan,
la humedad de sentirse huérfano, pero diáfano,
con ecos aún del hospital psiquiátrico.
Estacionamos con Karen Devia, sacan partes
a su tierno poeta móvil, están a punto
de quitarle su nave espacial.
Actúa frente a carabineros de Chile
como Elizabeth Taylor en “Un tranvía llamado deseo”,
me habla de sus hijas como una gatita
llena de lluvia y de sus amores etéreos .
Karen atraviesa enormes túneles
con sus distintos personajes.
Tac, como siempre, me guiña el ojo,
y me dice que Ella es un cántaro,
una ruta donde no van
aviones ni embarcaciones.
Entonces, regresamos al cerro Yungay,
a mi refugio atómico,
lleno de caracoles, lámparas difusas,
fantasmas lácteos;
y se despide con un abrazo de tórtola.
Tac me habla de lugares lejanos,
como un mediodía de nieve en Toronto,
una calle sin salida en Buenos Aires,
de un loco pingüino de Punta Arenas,
de un bote con alas de Chiloé,
de una roca de almácigos mustios en Chuquicamata,
el oleaje de ríos verdes en Santiago.
Pero es Valparaíso, me dice, el mundo real.
Karen avanza toda velocidad
y me la imagino arriba de un árbol
dirigiendo un coro de duendes amarillos;
la imagino atravesando la nada.
Chao Karen, le decimos con Tac,
y me lleva a la habitación
donde aún hay huesos inmóviles
de este mundo y del otro.


4 de octubre de 2009

Centro terapéutico Pablo Neruda



No hay comentarios:

Publicar un comentario