domingo, 8 de marzo de 2026


 

CLAUDIA MARÍA JOVEL

 

 

1. La ternura en el combate

(fragmento)

  

Si no amara

Si yo no amara
no fuera capaz de retar el viento
que viene en dirección contraria,
no vería en cada nube,
en cada piedra,
en cada flor,
pedacitos de nuestro gran amor.
Tampoco hubiera sentido
que hasta por los poros
lanzas,
como lloviznas mañaneras,
ese polen de ternura
que depositas
en la tierra,
en el cielo,
en las paredes…

 

 

STEPHEN SPENDER

 


 

Hacer nada y todo…


Hacer nada y todo es una droga,
mi pluma es una amarga raíz de olvido, mis pensamientos
obligan al día a cubrir con imágenes el abismo de la espera.

Luego las comidas interrumpen y pregunto ¿Qué,
qué estoy esperando?
¿Que de mi soledad brote
un tallo ascético de nueva energía?
¿O que ella entré en la habitación
con su vestido rojo y bese mis ojos hasta el júbilo
murmurando “Te amo como tú amas”?

Desde hace un año he inhalado mentiras
al imaginar que mi vida era la mitad de una vida, correspondida
con la viva necesidad de otra.
Pero ahora esa mitad se ha disipado y me levanto con mi cuerpo
partido por el relámpago.

¿Cómo es posible creer que lo que me
divide no la desposee a ella también?
¿Que en algún lugar no está ella esperando dulce, tristemente,
en una orilla también desolada,
sintiendo la misma pérdida que yo,
consciente de la misma cura?

¡Ah, pero hay trenes, correos!
Entonces estos días de hierro me muestran
cuánto tiempo he estado equivocado, al parecer,
y cómo sigo tragando la verdad
—que he perdido para siempre a la que amo—
gritando por un instante, para luego volver otra vez
a mi droga de amargos días y sueños.

 

 

 

VITA SACKVILLE-WEST

 

 

Los grandes felinos


Los grandes felinos de ojos dorados 
miran entre los barrotes. 
Los desiertos están ahí, y los diferentes cielos, 
y la noche con diferentes estrellas. 
Rondan la colina aromática, 
y se aparean tan ferozmente como matan, 
para vagar, para vivir, para beber hasta saciarse; 
Pero yo sé esto más allá de su entendimiento: 
el hombre ama un poco, y por mucho tiempo morirá. 

Los de su especie cruzan la cordillera del desierto 
donde los tulipanes brotan de las piedras, 
sin saber que sufrirán cambios 
o los buitres hurgarán en sus huesos. 
Su fuerza es eterna a sus ojos, 
alcanzan al ciervo en vuelo, 
y en su arrogancia hieren; 
Pero yo soy sabio, si son fuertes: 
el amor del hombre es pasajero como su muerte es larga. 

Sin embargo, ¡oh, qué poderes para engañar! 
mi ingenio se convierte en fe, 
y en este momento creo 
en el amor y escudriño la muerte. 
Vengo de la nada, y seré 
fuerte, constante, veloz, eternamente: 
Soy un león, una piedra, un árbol, 
y como la estrella polar en mí 
está fijo mi corazón constante en ti. 
Ah, que me quede para siempre ciega 
con leones, tigres, leopardos y sus especies.

 

 

JOAQUÍN ALVARADO

 

  

Endechas de tu camino


oh por favor, no apartes tu cuerpo elemental del camino como un grano de sal en la arena

haz que el mortuorio color de la memoria (no la tuya) arda más que mil soles negros juntos

 

 

CARLOS SANTOS

 

 

 

Sombra de rayo

(fragmento)

  

3.

El país siempre un mazo repartido entre tahúres.
El resto actuaba su papel.
Los mirábamos desde la cama
caída de otro tiempo.

Le daban forma a las instituciones.
Iban por las calles sofocadas,
en el tiempo correcto.
Aceradas las armas sobre el público,
dejaban manchas de sangre al avanzar,
dejaban platos vacíos.
Es el poder de la violencia —decían—
Nadie se asusta, únicamente duerme la ciudad.

Los mirábamos desde la cama, nuestro limbo.
Y en él, había un pozo:
cuanto escalara del fondo yacía con nosotros.
Era entonces el turno del segundo dios:
el toro coronado de guirnaldas
nos llevaba al olvido.

 

De: “El hombre flaco del cuento negro”

 

 

TERENCE TILLER

 


 

Niños

  

Semilla sentada en el vientre del crepúsculo, en el triste
aire vibrante de agujas de la fuente, temor
crecido en viento o árboles —como niños irreales, alegres
y perdiendo su brillo— fruto que el suelo ha de dar,
pequeños como el tictac de un reloj, como el silencio, se mueven
en qué incierto y vasto sobre de amor.

Han sido enviados, regalos o cartas de ruego (aunque
sin abrir), a la noche fría y sin súplica,
—el tiempo peligroso, cansado, el mundo apagado de los viejos—;
sin duda el árbol se cansa de su fruto,
se cierra el útero del ser, el niño de la maduración:
sin duda la fuente rebosa el manantial.

 

 

sábado, 7 de marzo de 2026


 

CLAUDIA MARÍA JOVEL

 

 

1. La ternura en el combate

(fragmento)

  

Tarde

Está callada la tarde,
escondiendo quién sabe
cuántos secretos,
tratando desesperadamente
de no dejarnos abandonados
en la obscuridad.

No hay por qué preocuparse.
La noche está de nuestro lado…

 

STEPHEN SPENDER

  

 

Palabra


La palabra muerde como un pez.
¿Volveré a arrojarla, libre
Como flecha hacia ese mar
Donde los pensamientos son látigo de cola y aleta?
¿O he de ponerla
a rimar sobre un plato?

 

 

 

ALFREDO ESPINO

 

 

 

Viento en popa

Para Jorge A. Paredes


 

Lucha, que es de los fuertes la victoria.
Rompe la valla que opusiera fría
la suerte adversa, la fortuna impía.
¡Vuela y alcanza la lejana gloria!

¡Sé la chispa que fulge entre la escoria!
¡Aborrece la noche y ama el día!
Y no temas jamás de la jauría
de los necios la sátira irrisoria…

Asciende hasta la cumbre a golpes de ala,
a la cumbre que el cóndor sólo escala.
Da vida al ideal que tu alma arropa…

Y parte… Que a tu buque peregrino
empuje siempre buen soplo marino,
para que bogue siempre, ¡viento en popa!

 

 

 

JOAQUÍN ALVARADO

 

 

Versiones de algo que no termina de caer

(Fragmentos)


 

tarde cuando sí y cuando no

demasiado tarde para narrar la metamorfosis de tu vida

 

CARLOS SANTOS

 

 

 

Solución de continuidad

  

Entre los copos de nieve tan separados
cae la tarde y vuela
una pequeña bandada de palomas.
Todo lo que era distante
se vuelve tan cercano ahora.

 

De “Un argal lleno de cabras”

 

 

TERENCE TILLER

 

  

 

Poema de cumpleaños

  

Los dedos se cierran sobre la hora,
tijeras lentas: detén su curso;
hay un espejo en el reloj,
tan franco como un maestro de escuela.

La araña del reloj de arena
sabe cuándo tejer su suave eclipse
sobre el doble Marte de los labios,
y fluir en ondas por tu rostro.

El tiempo ha agotado tu banco
de hermosura: Isabel
miró la plata y vio la muerte:
eres más vieja de lo que crees.

Los zarcillos del deleite, como mechas,
se arrugan, pugnan por volver
a los tallos donde nacieron;
la ilusión se consume hasta el sexo.

¿Hay otro tema? Ninguno:
es el símbolo de la espada;
el tiempo como un as, la carta del artillero;
la guerra, una radio sellada.

El hombre que les dio y te dio la vida,
en éxtasis ciego, debe contemplar
a cada hijo amargo, malgastado, envidioso,
muriendo indignamente de sí mismo.

Los relojes tienen voluntad de ejecutar:
te dejan un espacio para vivir
junto a la tumba que se abre;
has heredado el gusano y la rata.

Otro giro de este pulgar,
una curva más cercana de hojas al acecho;
la muerte tiene la mano completa; recuerda, te invita:
tu cumpleaños es un truco del tiempo.

Así que si te saludo hoy, sólo puedo
desearte que mueras más vieja,
no por enemistad externa,
sino por la guerra incivil del hombre.

 

 

viernes, 6 de marzo de 2026


 

CLAUDIA MARÍA JOVEL

 

 

1. La ternura en el combate

(fragmento)

 

Antes

Yo vagaba sola
por cualquier calle,
ambulaba en los cuartos oscuros
de una casa triste, pobre y vieja,
sintiendo únicamente compasión
por una mesa vacía
y un manjar inexistente,
sin saber que podía
hacer explotar,
con una carga de amor,
el vicio aquél
que sólo me hacía pensar en mí.

 

STEPHEN SPENDER

 

 

Cuando me siento a mirar…

  

Cuando me siento a mirar por la ventana,
perdiendo el tiempo que el tráfico no pierde,
ni ninguno de los peatones que en la calle
ganan tiempo al tiempo mientras avanzan,
midiendo los segundos con sus pies,
cabalgando en sus mentes la crestada multitud
sobre caballos blancos de días que pasan,
entonces pienso en ti, James, frente a otra ventana,
con tus gruesas manos relajadas y tu mirada azul
invadida por una sensación de vacío,
sorprendido como si una ráfaga de aire
hubiera soplado entre las hendiduras
de tu mente y tu cabello,
dejando en tu ceño fruncido una confusa desesperanza.

Pero últimamente he aprendido que los espacios
y la soledad intemporal
de lugares estériles y desperdiciados,
el desierto, la habitación desordenada y la hora
entre la vigilia y el sueño,
son ventanas abiertas a la energía
donde más nos convertimos en lo que somos,
cuando la mirada y el oído conscientes
se separan de lo que ven y escuchan,
y en lo profundo de la negrura vacía y silenciosa
florecen melodías e imágenes con vida.

 

 

ALFREDO ESPINO

 

  

Ascensión

 

¡Dos alas!… ¡Quién tuviera dos alas para el vuelo!…
Esta tarde, en la cumbre, casi las he tenido.
Desde aquí veo el mar, tan azul, tan dormido,
que si no fuera un mar, ¡bien sería otro cielo!…

¡Cumbres, divinas cumbres! ¡Excelsos miradores!…
¡Qué pequeños los hombres! No llegan los rumores
de allá bajo, del cieno; ni el grito horripilante
con que aúlla el deseo, ni el clamor desbordante
de las malas pasiones… Lo rastrero no sube:
esta cumbre es el reino del pájaro y la nube…

Aquí he visto una cosa más dulce y muy extraña,
como es la de haber visto llorando una montaña…
el agua brota lenta, y en su remanso brilla
la luz; un ternerito viene, y luego se arrodilla
al borde del estanque, y al doblar la testuz,
por beber agua limpia, bebe agua y bebe luz…

Y luego se oye un ruido por lomas y floresta,
como si una tormenta rodara por la cuesta:
animales que vienen con una fiebre extraña
a beberse las lágrimas que llora la montaña.

…………………………………………………

Va llegando la noche. Ya no se mira el mar.
Y qué asco y qué tristeza comenzar a bajar…

(¡Quién tuviera dos alas, dos alas para el vuelo!
¡Esta tarde, en la cumbre, casi las he tenido,
con el loco deseo de haberlas extendido
sobre aquel mar dormido que parecía un cielo!)

Un río entre verdores se pierde a mis espaldas
como un hilo de plata que enhebrara esmeraldas…

 

 

JOAQUÍN ALVARADO

 

  

Versiones de algo que no termina de caer

(Fragmentos)

  

he de morir de cosas insignificantes; un retrato irreconocible en la pared, un sello de un lugar que jamás conoceré, esta forma de llegar a la memoria de lo vivido como por un agujero comido por ratas

 

CARLOS SANTOS

 

  

 

Árboles

  

Un personaje sudoroso en la noche
sale de una calle lateral
y se interna entre los árboles del parque.
Bajo la sombra revuelta de un peral
halla la blusa de la dama que buscaba.
Está manchada de sangre.

Su memoria inquiere su presente.
Exhausto de un errar intuitivo en la noche,
está libre de forma y de límites.

Pero ¿quién habla? Y, si pregunto,
¿por qué no contesta?

 

 

TERENCE TILLER

 

  

 

Último poema

  

Fue desde el crepúsculo del dolor que hablaron,
las voces, altas e implacables,
clamando a tu piedad hasta quebrarla.
¿Cómo silenciar lo que decían?
Yo las hice —con la amargura
de las trompetas del atardecer por los muertos.

Eran la acidez de aquella alabanza
que bendijo el milagro del que surgió.
Oh, sol de aquellos días ansiosos,
ya sólo brasas; canto ahora que se eleva
en sombras que se agrupan, con la punzada
y el hambre de las campanas que persiguen niños.

Oscuridad del amor, cúbreme el rostro;
oh amor que no muere, envuelve aún
mi cenotafio, mi morada;
grita todo lo que volveré a oír:
un mensaje de medianoche, lejano y agudo
como el paso invisible del tren.

 

jueves, 5 de marzo de 2026


 

IRIS TREE

 


 

Gansos salvajes

  

Vi gansos grises tensarse sobre las llanuras,
gansos salvajes vibrando en el aire alto,
los vi como los siento, volando,
sentí mi vida tensarse en sus gargantas—
rocas de hierro del norte junto al mar arrugado,
con el verde del trigo joven abriéndose paso,
costillas de una barca negra pudriéndose en la arena,
costillas de un gigante
en las infinitas, ondulantes líneas de dunas marcadas por el mar…
Vi gansos salvajes volando antes del amanecer,
y la blancura gris de ellos ribeteando los cielos enormes,
y los radios del sol sobre las colinas arrugadas…

 

WILLIAM PLOMER

 

  

En el Parque de Serpientes

 

Un mediodía blanco, ardiente, en el Parque de Serpientes.
La desgana yacía aquí y allá en espirales,
y aquí y allá una pulcra cabeza de obsidiana
soñaba sobre su propia almohada trenzada,
sus bucles como un lazo de amor o un pretzel.

Una pitón gigante parecía un montón de neumáticos;
dos víboras de Nielsen buscaban una salida,
hastiadas de su jaula y de sus curvas mutuas;
y la larga serpiente anillada traída de Lembuland
se deslizaba suavemente por una abertura, como humo.

Inclinada hacia adelante, una joven muchacha
distinguió en el agua estancada, sobre una roca,
una cinta marrón o un látigo abandonado;
luego leyó la etiqueta para saber su nombre,
y volvió a mirar: se movía. Gritó.

El viejo Piet Vander se apoyaba con nosotros aquel día
en el muro bajo que rodeaba el recinto pedregoso,
donde entre cuarzos rotos que no daban sombra
las serpientes se estremecían o reptaban, o parecían dormir,
o yacían invisibles bajo el resplandor que cantaba.

El sol palpitaba como fiebre mientras hablaba:
“Mira con cuidado ese arbusto de hojas lustrosas.”
Hojas brillantes como el bronce. “Esa hoja de arriba,
justo ahí, ¿ves que tiene ojos?
Es una mamba verde, y te está mirando.”

“Un hombre que conocí una vez sobrevivió a la mordedura,
salvado por un médico que corrió con su cuchillo,
suero y todo. Nunca volvió a ser el mismo.
Vomitando tinieblas, agonizando, sangrando,
medio paralizado, al borde de la muerte, sintió

—me contó después— que iba a estallar;
pero el peor tormento estaba en su mente:
una pesadilla insoportable, peor que el dolor total
o la pérdida final de toda esperanza, multiplicada sin límite
hasta una ciega pasión de pánico y desesperación extrema.”

“¿Por qué esa pequeña cabeza tendría el poder
de inocular todo el horror sin razón alguna?”
“Pregúntame otra —y cuídate de las serpientes.”
El sol era como un cristal ardiente. Boca abajo,
la muchacha que gritó cayó desmayada.

 

EILEEN O’SHAUGHNESSY

 

  

Muerte

 

Vientos sintéticos barrieron ya
el polvo material; mas esta estancia
reprende el rayo violeta sin cesar
y, sin polvo, es polvo su fragancia.

Náufragos en el pasado caduco
yacentes Hillard, North, Virgilio, Horacio;
Shakespeare reposa al fin, sin truco,
muerto cual Yeats o William Morris, reacio.

¿No han merecido al fin su calma?
Cien círculos trazaron su jornada,
quejándose del clásico enigma,
y cada día, inevitable espada,
tratando, sin razón ni gracia alguna,
de encajar la esfera en la nada.

 

 

HARLEY EZEL

 


 

Incierto

  

Incierto el pasaje letárgico que presagia el olvido,
incierta la sonata de una carabina sin sonido,
busca el colmo de las palmeras al llamado del viento
entre la llovizna y un avieso azabache corcel.

Dedico mis palabras a una tarde ensombrecida,
un clamor renacido entre la glorieta de dos nudos,
sigo el curso de los rasgos amados por la nada profunda,
y cerca del atrio se quedan atónitas las nubes sin lluvias.

Vengo de incognito, tranquilo y de forma incierta,
así será, serán testigos las paredes de cera,
de una galaxia estresada dentro de mí,
desatando el indómito ser que no existirá.

 

 

ALICE LARDÉ

 

 

Idilios

  

De regreso del río viene el ganado
mugiendo alegremente por el camino,
y cruzando el sendero que va hacia el prado
llega, con gran desorden a su destino.

El zagal que los guía, con gesto torvo
da silbidos agudos, látigo en mano;
pende de su cintura luciente corvo:
es un indio moreno, robusto y sano.

Al oír el silbido todo el ganado
se dispersa corriendo por el potrero
lleno del rico pasto; y fatigado
en la grama se acuesta, triste el vaquero.

Mas volviendo la vista por la pradera,
siente vibrar su pecho con gran ternura:
¡que bajando del monte, por la ladera,
viene una campesina toda dulzura…!

Es la dueña del hombre de piel tostada
que trabaja en el campo como vaquero;
¡de ese zagal tan recio que ante la amada
tórnase dulce y manso como cordero…!

Ella, una cesta llena de viandas trae,
y se acerca al vaquero, dulce y sencilla;
¡mientras un bravo toro de un salto cae
sobre las finas ancas de una novilla…!

 

 

JESÚS RAMOS DÍEZ

 

 

 

Después de rescatar el viejo idilio,
de atar nudos y desatar lazos,
una vez más me someto a tu delirio
y me pregunto qué hago aquí entre tus brazos.

VOLVER A VERTE

Abrázame, animal, toda una vida,
suave, dulce carne amiga impura,
pétalo de espuma, nomenclatura,
un corazón sin ti, cera perdida.

Quiero vivir contigo la inocencia,
cuerpo a cuerpo, la piel deliberada,
invisible o acaso una mirada,
¿quién eres tú?, lluvia, tal vez ausencia.

Ufff!, bailemos, pues, la eterna canción
cinco minutos, latido a latido,
señales de vida contra la muerte.

Por donde levitas pasa un avión
mojándolo todo, el dolor cumplido,
más allá del amor volver a verte.

 

De: “Tu ofensiva belleza”

miércoles, 4 de marzo de 2026


 

JON SILKIN

 


 

El dolor está ahí

 

Cuando los soldados, con los emblemas del regimiento
destacando en sus hombros, le dieron dulce libertad,
el prisionero del campo habló:
“Gracias, aunque lleguéis tarde.
El dolor está en mis pestañas.
Voy a cerrarlas ahora.”

 

FEDERICO HERNÁNDEZ AGUILAR

 

  

 

Nueve sombras

  

De nueve sombras que trajiste
una estaba enamorada
de los fanales de tu calle.

dos se habían guarecido entre tus ojos
          tratando inútilmente de conjugarlos

otra se abismaba entre tus brazos
y arrastraba a varias más
          con atribulado éxito

y una más allá
—la que nubló de día mi cabeza—
sigue despertando a medianoche
para invitarme a poner fin
                              a este deshielo

 

 

MATÍAS ROMERO

 

 

 

Una moneda en tus manos puede ser un juguete o un instrumento de progreso. No te portes como un niño, ni como coleccionista. Muévete con tu dinero, marcha con esas ruedas del carro de la fortuna y mira que la meta del bienestar perfecto de los pueblos está todavía muy lejos.

 

 

WILLIAM PLOMER

 

 

 

El Escorpión

  

El Limpopo y el Tugela hervían,
desbordados en millas pardas y furiosas:
melones, maíz, techos de paja,
troncos de árboles y cocodrilos.

Los estuarios hinchados estaban espesos
de restos; bajo el sol se veía
el cadáver de una joven negra, magullado
por las rocas, rodando en la orilla,

empujado por las olas del alba, girando
sin rostro entre conchas,
con los pechos caídos y los ojos sangrantes,
y al cuello, cuentas y cascabeles.

Esa era el África que conocimos,
donde, vagando solos,
veíamos, heráldico bajo el calor,
un escorpión sobre una piedra.

 

 

ALICE LARDÉ

 

 

 

Las campesinas

  

Con las cántaras llenas de agua muy clara
vienen las campesinas por la vereda,
contándose historietas, viejas y raras,
de los gnomos que habitan en la arboleda.

Y al contoneo alegre de sus caderas
salta el agua que corre por sus mejillas…
¡Parecen, cuando bajan por las laderas,
un manojo divino de campanillas…!

¡Oh, campesina alegre, de piel tostada,
que cruzas inocente por los senderos:
se adivina en el fondo de tu mirada
la esplendorosa lumbre de los luceros…!

¡Oh, linda campesina, si yo pudiera
ir como tú, descalza, por la montaña,
y bajar hasta el río, por la ladera,
a bañarme en las linfas con que te bañas!

¡Y regresar alegre por los senderos
con mi cántara llena de agua y rocío,
llevando en mis pupilas luz de luceros
y en mis carnes aromas de selva y río…!

  

 

EILEEN O’SHAUGHNESSY

 

 

El fénix

  

Han muerto mundos para que vivan,
vistan sus plumas más hermosas,
y en sus cantos otra vez vibren
bienvenidas a lluvias asombrosas.

Einstein es colega de Bacon,
Huxley comparte el pan platónico,
y los rayos violetas sólo son
sol rebautizado en aire irónico.

En esta casa, si en ninguna otra,
pasado y porvenir se reconcilian:
cada uno es sí mismo y el otro,
unidos en extraña melodía,
hallando ambos su lugar preciso
en el abrazo de la seda tibia.

 

martes, 3 de marzo de 2026


 

IRIS TREE

 

 

Somos los guardianes

 

Somos los guardianes de casas vacías,
La luna apoya su delgado cuerpo contra la puerta,
Pero el óxido hace chirriar la cerradura.
El sol mira a través de la ventana,
Pero los postigos cerrados son como ojos ciegos.
Nuestras almas están llenas de muerte y cosas maravillosas
Como cuencos llenos de objetos,
Un polvo de pétalos
Susurra entre los cansados dedos de un fantasma.

 

JON SILKIN

 

  

Profundidades

  

¿Texturas? ¿Por qué siempre texturas?
Tanto alboroto. Es suficiente
que tomes y sostengas la cosa:
al ser cálida, te otorga
un sentido especial de permanencia.

Porque sin la forma entera
no existiría textura.
La desesperación
tiene textura. Está construida
a partir de una total impotencia.

La desesperación es textura; sin ella
no sabríamos cómo enfrentar
la cosa con tal certeza
de pérdida. Pero al tocar esto,
sentimos muy suavemente
que toda la parálisis
del dolor cede paso
a las firmezas
de la realidad,

a los distintos planos de superficie
con los que no podemos evitar el contacto,
y que nos conducen a las honduras sumergidas.

 

 

FEDERICO HERNÁNDEZ AGUILAR

 

  

Instintiva versión de la espera

 

I

Te ofreceré las manos que yo guardaba para organizar el viento.
(No me acostumbraré a que el miedo fuera un armiño
montado aprisa en los hombros ateridos del sosiego).
                                                        De mi silencio
aprenderás a pergeñar la nada, en una cabriola de adjetivos
que se disputarán tu aliento.
Danzarán mis dedos en tu cintura
como danza el tiempo a la hora de lo eterno.
La noche repetirá consignas en el aire,
embadurnando tus pies y mis cabellos…
Desde la ventana correrán a nuestros brazos
los delirios, los alpinos cuentos
de la escarcha, los aullidos de la estepa,
la saliva magnífica de las cimas ahítas ya de cielo;
pequeñas playas se formarán en los pliegues
que separan tus uñas de las puntas de tus dedos,
y allí pretenderé que la piel se me atore y se haga jirones,
y nadie pueda rescatarla sin perturbar tu sueño,
sin extirparle un desgarrón
a tu antebrazo blanco, a tu pulmón izquierdo,
a tu absoluta piel vibrante…
                    Y me quedaré como muerto,
arrojado a los pies de tu figura,
quemado todo por tu incendio,
temiendo que te pierdas y dejes tras de ti huellas inmensas,
hechas de ceniza compacta, de preceptos
apisonados por mi gran caída,
por este —en fin— caer sin término
sobre las cumbres de los escombros
que de mi quedarán
cuando no quede más que el suceso
—único, impotente, pertinaz— de tu misterio.

 

II

Estar sin ti es la otra forma de morir
que se ha inventado mi destierro;
es la nueva herida que profiere el aire
cuando se mete entre mis huesos
y los hace rechinar y los inclina
hasta volverme del revés el cuerpo;
es el no se qué y el no sé cómo
que promueve el no sé cuándo de tu sol añejo;
es, en fin, la comisura en sangre
de la enorme boca
del pasado infame
de mi ardor inmenso.

 

 

MATÍAS ROMERO

 


 

Siempre tenemos en los labios una canción nueva. La intentas tú o la invento yo y somos dos pájaros que llevamos las alas escondidas. Con esas alas volamos por dentro, volamos el uno hacia el otro por el azul infatigable.

 

 

EILEEN O’SHAUGHNESSY

 


 

Nacimiento

 

Toda pérdida es ya ganancia,
pues toda causa sigue su razón.
Un palacio de cristal alcanza
la lluvia en su estación.

Ningún libro turba la línea pura:
sabios dorados por el sol concentran
su mente en la Estación Nueve, segura,
donde aprenden lo que deben, y lo encuentran:

Las ciencias útiles; los artes
de teleteleventa y lengua hispana,
según registran las comarcas
del Oeste —muerte temprana
del pensamiento y la emoción,
infantes que posponen la mañana.

 

 

ALICE LARDÉ

 

  

¡Tengo miedo…!

  

¡Tengo miedo de amarte…! ¡Tengo miedo…!
Y ahora que siento que el amor se acerca
a mí, otra vez, y que está ya tan cerca,
¡tengo miedo de amarte…! ¡Tengo miedo…!

¡Toda yo me estremezco de pavura…!
¡Y vibra mi alma llena de violencia
al escuchar de nuevo su sentencia…!
¡Toda yo me estremezco de pavura…!

¡Oh, Amor, que vienes trágico y tremendo,
en medio de la noche de mi vida,
a remover mi entraña adolorida…!
¡Oh, Amor, que vienes trágico y tremendo!

¡Tengo miedo de amarte…! ¡Tengo miedo…!
Y ahora que siento que el amor se acerca
a mí, otra vez, y que está ya tan cerca,
¡tengo miedo de amarte…! ¡Tengo miedo…!

 

lunes, 2 de marzo de 2026




 

IRIS TREE

 

 

Silencio

 

En algún lugar en la tierra
Hay un propósito que he perdido u olvidado.
Los árboles se alzan inmóviles
Como columnas sin techo de un templo destruido.
Hay un propósito en el Cielo,
Pero para mí,
Nada.

 

 

JON SILKIN

 

 

Cuidar de los animales

  

A veces me pregunto por qué estas pequeñas criaturas
de ojos amargos, por qué deberíamos cuidar de ellas.

Interrogo al cielo, al agua serena y azul,
pero no puede responder. No da respuesta alguna.

Y ninguna respuesta libera en mi cabeza
una procesión de sombras grises, remendadas y quejumbrosas.

Perros con las orejas cortadas, caballos jadeantes,
una mosca sin sombra y sin pensamiento.

¿Es con estas amenazas a nuestra visión,
con esta procesión guiada por un hombre que carga madera,

con lo que debemos preocuparnos? La tierra santa,
la verde isla en ascenso, debería ser más bondadosa que esto.

Sin embargo, los animales, nuestros fantasmas, necesitan cuidados.
Acoge al gato azotado y al búho cegado;

carga sobre el hombro la ardilla atrapada por el cepo.
Atiende a las bestias innecesarias,

pues de la misericordia que crece y de un amor moderado
nace un gran amor por el animal humano.

Y tu amor crece. Tu gran amor crece y crece.

 

FEDERICO HERNÁNDEZ AGUILAR

 

 

 

Vocaciones

 

Hay una cierta vocación de lluvia en tu sonrisa
un cierto devaneo de algas
una duda
         arrimada al fogón de mi impaciencia
un mascarón de proa convertido en lengua por las olas
una marea reptante de murmullos
         que por tu voz ascenderá a plegaria

Hay una cierta vocación de marinero
en mi afán de escribirle versos al destino
y remitirlos a tu nombre