Ante
la grandiosa presencia de la muerte
Cuando
muera, he de nacer a otra existencia
viviendo por los otros, sin protestas,
alegre, liviano, liberado
rogando siempre por los desamparados y seremos presencia indiscutible:
yo seré el pan, tú la rosa, el agua, el aire,
nuestra estela invisible se hará presente
en la novia que reza esperanzada
cuando acaricia los caballos de su padre enfermo,
estando aquí, sin vernos, sentado en leve flor,
hablando por semáforos o estambres
con la preocupación, tan sólo
de quien dejó olvidada por dos horas
la envoltura carnal en la estación
de los ferrocarriles más cercana.
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