miércoles, 21 de enero de 2026

RALPH CHUBB

 

 

Transfiguración

 

Una vez, mientras vagaba afuera
en el suave crepúsculo vespertino,
vi junto a un arroyo en sombra
dos figuras desnudas y radiantes,
sin vergüenza y sin temor,
danzando en puro deleite,
como pudieran hacerlo dos gráciles muchachas.
Entre los sauces frescos
vi su carne cual perlas
brillar junto a la sombría poza
¡todo opalescente de blancura!
¡Coronadas por sus rizos brumosos!
¡Tan delicadamente hermosas
que me sosiega el contarlo!
Mi espíritu quedó extasiado
al ver tan inocente gracia.
Avancé de puntillas.
¡Oh, era un lugar sagrado!
Y cuando miré, ¡he aquí!
Cada bañista era en verdad
no una muchacha, sino un mozo maduro
de diecisiete veranos.
Su piel era suave y clara,
y uno tenía cabello de cuervo,
el otro, ámbar rojizo,
que ondeaba sobre su cabeza.
Muchachos del vulgo,
su día pasado en el pupitre,
al anochecer la envoltura mortal
quitada como faunos para retozar.
Y puros como marfil
transfigurados cada uno aparece
como en un sueño estival,
misterioso y reluciente,
a la visión profética.
¡Oh! ¡Cuánto el espectáculo me enternece!
¡Mi pecho se derritió por completo!
¡Tan santa era la visión!
Sagrado el suelo que pisé,
donde vi al espíritu mortal
¡jugar como un joven dios!
Mas pueda yo vivir para probar
el sueño del amante griego
cuando la juventud desnuda y el amor
se acaricien bajo el rayo solar,
y el amor sea libre de culpa
y la belleza no conozca la vergüenza,
y los amantes muchachos se encuentren
en suaves caricias dulces,
y la infantil forma divina
sea adorada en el santuario de la naturaleza,
y muchos un lugar sagrado
santifique la gracia muchachil;
y despojados del ropaje mortal
desnudos ante mis ojos
cuerpos espirituales vistos
de bello compañero con compañero
retocen, amorosos y puros,
en el estado esencial del hombre.
Tal fue la visión sublime.

 

 

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