La
naranja
A la
hora de comer compré una naranja enorme —
su tamaño nos hizo reír a todos.
La pelé y la compartí con Robert y Dave:
ellos tuvieron cuartos y yo, la mitad.
Y
aquella naranja me hizo tan feliz,
como suelen hacerlo las cosas sencillas
últimamente. La compra. Un paseo por el parque.
Esto es paz y contento. Es algo nuevo.
El
resto del día fue bastante fácil.
Hice todas las tareas de mi lista
y las disfruté, y aún me sobró tiempo.
Te quiero. Me alegra existir.
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