Mi
exilio
Paseo
entre las brumas de mi exilio, las brumas de una ciudad perdida en la galaxia,
las brumas de una ciudad en la que fuimos felices. Paseo con las manos en los
bolsillos de esta vieja chupa comprada en un mercadillo de Babilonia, aquel día
en que los asirios perdieron la fe y se entregaron al suicidio, como caballos
enloquecidos y salvajes. Eras mi ruiseñor, mi gorrión y mi paloma, la Cruz que
me salvaba y que yo acariciaba con las yemas de mis dedos, fuiste mi patria y
sus banderas, fuiste mi sexo y su república, fuiste mi adolescencia y su
estallido, fuiste el clamor de mis ciudades, fuiste el gol de la victoria, en
el descuento y de penalti. Recuérdame, gacela, mientras vivas, recuérdame, arco
iris, mientras respires, recuérdame viento del norte, cuando beses, recuérdame,
jacinto y suspiro, mientras bebas, recuérdame, ángel y clavel, mientras
suspires, recuérdame, flor y guepardo, cuando suene el último acordeón en los
confines de la Mar Océana. En la patria insomne de mi exilio.
De:
“¡Hallelujah!”
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