Paseos
en bicicleta
El
olor de la hierba se enreda en las palabras que no
llegan a tu boca.
Paseas
en tu bicicleta y entre el aguacero otra vez
una palabra, una alegría inesperada, una lágrima que
se va.
La
poesía se insinúa desde que pones tus manos en
el timón, y mientras la montas vas sintiendo de inmediato
su velocidad, el olor del mar regocijando
tus pulmones, la excitación del aire tibio con la luz
de los árboles que cruzan la ciudad como perros solitarios.
De:
“Un árbol cruza la ciudad”
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