viernes, 8 de febrero de 2013

MARCELA COLLINS




  
Mi dedo del pie…


  
Mi dedo del pie
taquicardia de deseo
a un milímetro infranqueable
de su muslo.
Mi rodilla lo busca.
La rótula es incontenible.
No encuentra nada cuando lo encuentra
salvo la punzada fría de su excusa
para alejarse.
El aullido amordazado
de las pieles
me destierra del ópalo de fuego,
me sumerge en la obsidiana.
Me muelo la quijada
a golpes de carencia.
(yo uso dientes, boca, lengua...
una vez dije mandíbula,
pero hoy uso una quijada
para sentirme más cerca).
No puedo desintegrarme
en quinientascincuentaycincomil
quinientascincuentaycinco
partículas de sangre felina
porque sería una obviedad
de las que hacen reír
a los escorpiones.


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