sábado, 1 de noviembre de 2014

JOSÉ WATANABE


  

Las Mariscadoras

 

Al amanecer
una decena de muchachas, como en un mito,
                     entran algunos palmos en el mar tranquilo.

Visten un traje negro
                                                 y buscan
entre las piedras
los cangrejos y las conchas que ha dejado la marea alta.

               Una roca oscura se confunde con ellas. Sólo asoma
hierática,
con el agua baja. Si respirara el aire salino de las
muchachas reiría con ellas
              que se lanzan cangrejos y comen almejas crudas.
Las muchachas ignoran que esa alegría vibrátil
        es su victoriosa debilidad.
                           Cuando la marea suba
huirán del avance de las aguas, la roca no.
Ella será la hermana severa
que increíblemente pasa la noche bajo el agua.
                           Mañana
volverá a emerger con la cabellera de rizadas algas
y el triste orgullo de no deberle nada a nadie.

 

 

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