lunes, 23 de enero de 2017

ROSA IGLESIAS




Las olas



Ella estaba sola, pidiéndole sueños al mar.
Su camino hacia el Sur había perdido la ruta,
el amor hacia las islas
virado la trama contra un aislamiento inútil.
Cuántos espejismos había echado a perder,
a pesar de que el viento revolviera sus visiones
orientándolas, como el imán reorienta su brújula.

La forma estricta del deseo,
esa intensidad que hubo comprometido
el rubescente candor de las nubes
se consumía como incienso dando perfume a las olas.

Una lluvia de herrumbre, justo en su ahogo, la hirió.

Ni los nimbos sobre las islas lograron pesar tanto
como para hundirse con ella
ni consiguieron conmover las olas con sus místicos odores
a aquel Neptuno agorero.

Cayó. Sencillamente, cayó aislada, ahuecándose,
sola, como una pluma silente abriendo su llaga en el mar.


Mientras, el suave arrullo de la orilla, la adormeció
inyectándole un acantilado de amnesias.


2 octubre 2012


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