viernes, 8 de enero de 2016

ADALBERTO GARCÍA LÓPEZ



  
Alea jacta est



Tan míos pueden ser tus ojos
que tiemblo al pensar qué vagas palabras
podría ofrecerte a ti
en esas horas de vigilia.

Resiste, sé valiente:
consigue otro umbral donde velar tu sueño.
Resguarda tus horas y energía
aún, demasiado tempranas para el sol.

Tiemblo
y me sumerjo en la medianoche
que arranca a destajos mis manos,
mis manos que tuyas
empeñan una brava alegría,
una sufrida sonrisa,
un breve golpe a la puerta de la vida.





Eres el tiempo que rebota de un lugar a otro,
tiempo aparte, tiempo muerto.

Eres un camaleón que finge cantar
cuando le piden que cante:
camaleón que se reconoce mudo y actor,
también eres la fragilidad del agua,
la simetría del fuego,
te caes y vuelves polvo y viento.

Quizá porque tu nombre
está hecho de mirto y eucalipto
es que tiemblas a la orilla del río
juntando tus palmas, ensayando tu labia.

Eres la tierra que pronto se olvida:
eres la vida donde no ocurre nada.



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