sábado, 16 de enero de 2016

BRENDA RÍOS



  
El arte negro



Una mujer que escribe siente demasiado,
esos trances y presagios,
como si los ciclos y los niños y las islas no fueran suficientes,
como si los dolientes y los chismes y las verduras nunca fueran suficientes.
Ella piensa que puede advertir a las estrellas.
Un escritor es, esencialmente, un espía.
Amor mío, yo soy esa chica.

Un hombre que escribe sabe demasiado,
tales embrujos y fetiches.
Como si las erecciones, los congresos y los productos no fueran suficientes,
como si las máquinas y los galeones nunca fueran suficientes;
Él hace un árbol con muebles usados.
Un escritor, es, esencialmente, un ladrón.
Amor  mío, tú eres ese hombre.

Sin amarnos nunca a nosotros mismos,
odiando hasta nuestros zapatos y sombreros,
nos amamos, precioso, precioso.
Nuestras manos son suaves, de un azul claro.
Nuestros ojos están llenos de confesiones terribles.
Pero cuando nos casamos,
los niños quedan asqueados.
Hay demasiada comida y no queda nadie más
que coma toda la extraña abundancia.


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