domingo, 23 de abril de 2017

CÉSAR DÁVILA ANDRADE




Embarcadero



Si tuviera aquí mi máscara de ciudad,
o máscara de ventana, todavía.
O aquel verbo
que encadena los pasos a las bestias.
Si al menos tuviera
la poesía,
la posible escritura de goma,
como una operación de mono
parpadeante de luciérnagas.

Pero
este cuadrilátero,
este cubo
de ladrillo y de muecas,
obra con la feroz exactitud de la materia,
como ayer
en Paysandú
o en Ecbatana.

Sin embargo,
en los puertos, cada día,
frente a llorosas tribus de mensajeros,
son desatados
los más bellos cadáveres de la víspera.

Van solos,
desolados,
a sus aniversarios,
a sus coartadas,
a sus tiburones.


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