Poema para leer en un bar al sur de la ciudad
Para Alberto López
Serrano, Erick Arévalo,
Jorge López, Fredy Mejía y José Aguilar,
porque cada uno tiene un motivo legítimo para amar la noche.
Cierra
la botella sobre tus ojos
su caliente párpado luminoso.
Desaprendimos
la forma de amar sin esperar la certeza de los dados,
entendimos que el sueño le ha sido negado a quienes desearían olvidar las
respuestas.
Desde
hace años
es tiempo de llorar la más amarga de nuestras risas.
Abrir
la ventana es encontrarse con todas las puertas cerradas.
Entre
nosotros
la respiración de los escombros,
el ojo vacío que nos recuerda el incómodo giro de la ruleta,
las agujas en los relojes & los brazos,
los tímidos acordes de los insectos,
la nieve amarilla escurriéndose en los pulmones.
Ninguno
aquí es distinto a una estrella que se apaga.
Todos
iguales a una repentina canción de tres minutos & medio
cuyas líneas nunca humedecen nada entre las piernas
pero que sí conocen de banderas podridas en los ojos.
Ladrillo
tras ladrillo los signos cobran sentido,
en estas paredes donde la inocencia es la antítesis de la sombra,
donde una llave es suficiente para todas las puertas,
donde la noche dura lo que permita la doble cara del llanto.
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