Todos
detrás de la televisión
Televisión
del terror, televisión del error
aquí
las tiendas venden horror patrocinado desde el televisor,
la
audiencia sube si un freelance con las neuronas anquilosadas
entrevista
a docenas de víctimas de catástrofes en sus coches por la noche,
y si
yo fuera el entrevistado, por Dios, llamaría a un policía,
o
como mínimo, le daría otra patada en el culo al freelance.
Televisión
de lágrimas, televisión de adicción,
utiliza
la etiqueta de marca como línea divisoria
entre
fragmentos de película, entre retazos de programa,
los
romanos en Roma basaban la fuerza de su obligación en el patrocinador,
atribuimos
al patrocinador el poder de hacer que gente inhumana decida
dar
más valor a un tifón o a una masacre de niños afganos.
La
televisión de la muerte, la televisión del dolor,
un
estudio que deben evitar los débiles de corazón,
cada
noticia de los telediarios es un terrorista
capaz
de convertir a Jeffrey Dahmer en Hare Krishna,
el
saludo a la isla de Giglio fue una primicia excepcional,
el
único defecto de los actores improvisados era que no sabían nadar.
Esta
noche, todos los que están detrás de los televisores apagados:
si
os ponéis delante de ellos, no se obtiene nada bueno.
Tutti
dietro al televisore
La televisione
dell’orrore, la televisione dell’errore,
ricorda i negozi
vendo horror sponsorizzati dal televisore,
lo share aumenta se
un freelance dai neuroni anchilosati
intervista, di notte,
nelle loro macchine, decine di terremotati,
che se io fossi
l’intervistato, zio buono, chiamerei un carabiniere,
o almeno lancerei il
freelance a calci nel sedere.
La televisione delle
lacrime, la televisione dell’assuefazione,
usa il marchio della
marca come linea di demarcazione
tra frammenti di
film, tra spezzoni di trasmissioni,
i romani de Roma
basavano sullo sponsor la solidità delle obbligazioni,
noi attribuiamo allo sponsor
la forza di far decidere a esseri inumani
se dare maggior
valore a un tifone o a una strage di bambini afghani.
La televisione della
morte, la televisione del dolore,
lo studio non è da
frequentare da chi è debole di cuore,
ogni notizia del
telegiornale è un atto terrorista
in grado di
trasformare Jeffrey Dahmer in Hare Krishna,
l’inchino all’Isola
del Giglio è stato uno scoop eccezionale,
l’unico difetto degli
improvvisati attori fu di non saper nuotare.
Stasera tutti dietro
alle televisioni spente:
a mettersi davanti,
infatti, non si ricava un accidente.
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