domingo, 1 de febrero de 2026


 

WILLS AMA

 

 

 

Chanti

  

Vení viento y volvete tempestad
vení nube y volvete oscuridad
vení tiempo y volvete cenizas
que mientras más fuerte me golpees
más aguanto la desdicha

Vení pobreza, tocá a mi puerta
porque te debo hasta las maderas
y si querés llévate hasta los cimientos
que, aunque no lo creas
el suelo no me hará chillar
yo no necesito casa
yo soy mi propio hogar

Aunque muchos no han comprendido
que la vida no es labrar y trabajar
yo te digo mi amigo
vení y dormite conmigo
que pa’ levantarse también hay que descansar

Si alguien te deja a tu suerte
no le eches la culpa de lo que haga
es solo que no entiende
que dejarte libre no te ofende
más ofende, el que esclaviza y poco paga

Si tu vida se derrumba
y te vuelves indigente
tendrás amigo mío
más tiempo de madurar
y si maligno un día te azota de casualidad
podrás decir, amigo mío con toda seguridad
¡Yo soy la ternura, el viento, la lluvia
Yo soy la tempestad!

  

Nota: Wills Ama, pseudónimo de Williams A. Méndez Aguilar.

 

 

CARLOS SANTOS

 


IX. Bar de guerra

  

Con las muchachas,
con la música, con el salón humeante,
con la risa o gruta de gatos eléctricos:
la maligna jeta amparada en el revólver.
Todo es una serpiente
que se enrosca en sí misma hasta incendiarse.

Amanece.
Rostros pintados escapan del alba
en volátiles de humo y grasa.

Solos y oscuros. Oscuros, solos.

Las sillas desiertas; las mesas llanas;
las luces festonadas;
ahogada la canción en las arenas
del fondo de los vasos.

  

De: “La casa en marcha”

 

RODRIGO SULI MORA


  

Watch party

 

No tengo razones para ser optimista

Cristina Peri Rossi escribió: La vida

está muy cara pero los atardeceres siguen siendo rosa

Pero yo sé que no falta mucho

para que empiecen a colarnos anuncios en el cielo

Entonces tendremos que pagar

 una suscripción para tener un cielo sin anuncios

Lo que significa que nunca dejaremos de trabajar

ni de reducir gastos innecesarios

-vivimos para lo innecesario-

Pero al menos

sé que pagaremos el plan familiar

entre dos o tres o cuatro personas

que nos amemos mucho

o lo suficiente para no dejarnos perder el asombro

-nuestro proyecto comunitario-

Nos reuniremos en una azotea a ver el cielo y

le llamaremos a eso Divinidad

Seremos muy ridículos

Sabremos que la vida es insostenible

y nuestras únicas certezas serán que el atardecer solaza

porque es lo opuesto a producir riqueza

Y que son pocas las razones para seguir viviendo

-las tres personas con las que compartimos cuenta y el cielo que no se inmuta-

pero son nuestras

 

 

SILVIO MATTONI

 

  

¿quién es?

  

Soy el que habló. Antes de serlo,

fui una mosca, un ratón, una lombriz

esperando que algo me apresara.

De noche, mientras leo me distrae

una araña en el techo. Veo sus patas

asomadas en el borde de plástico,

esperando. Una polilla da vueltas

alrededor de la lámpara. Mi frase

pensada se interrumpe: ahí está

enteramente negra, caminando

a una velocidad espantosa. Quieta,

la noche muda se tragó el zumbido

que acompañó mi libro. No le ruego

a nada, pero pido ser un pájaro

que llegue hasta allá arriba donde ella

chupa jugo de insecto. Salir, huir

de la pieza. ¿Cómo podré apagar

la luz, dormir cuando sus pasos suaves

golpeen al revés lo que me cubre?

 


MANUEL ILLANES

 

 

 

No es mistificar lo que pretendo al describir las distintas estancias de los viajes (o de EL viaje en singular, el paradigmático), de manera oblicua, en forma de breves disquisiciones que se circunscriben dentro del terreno de lo que llamamos de forma ridícula “poesía”; no, de ninguna manera. Aunque parezca un lugar común, lo que pretendo, en el fondo, es alcanzar lo que está más allá de las palabras, el invunche secreto que taconea como el torpe albatros de la Literatura sobre la cubierta del lenguaje, con la única herramienta que tenemos a nuestra disposición: la palabra misma. De esa aparente (pero profunda) contradicción, se deduce la anatomía particular de estos fragmentos, la fractura y la impotencia que los signan, esa pulsión insensata que los conduce directamente a las arenas.

  

De: “Las puertas del Edén”

 

RAQUEL JADUSZLIWER

 

 

 

Si pensabas que mirar hacia atrás significa reencuentro,

hallazgo de la sombra que al mediodía se perdió,

en vano buscarás. Verás, harás de cuenta

que una de las estrellas venideras te será destinada.

A cambio de su guía le darás tu ofrenda:

puede ser aquel pez que se arrebató al agua,

o el temblor del venado, el ciervo esquivo.

O también esa flor que ha quedado incrustada

en la corona oscura de hierro de los días.

O simplemente aquello, la sombra que perdiste

a mitad de camino.

 

De: “Espiga de los días”