No
es mistificar lo que pretendo al describir las distintas estancias de los
viajes (o de EL viaje en singular, el paradigmático), de manera oblicua, en
forma de breves disquisiciones que se circunscriben dentro del terreno de lo
que llamamos de forma ridícula “poesía”; no, de ninguna manera. Aunque parezca
un lugar común, lo que pretendo, en el fondo, es alcanzar lo que está más allá
de las palabras, el invunche secreto que taconea como el torpe albatros de la
Literatura sobre la cubierta del lenguaje, con la única herramienta que tenemos
a nuestra disposición: la palabra misma. De esa aparente (pero profunda)
contradicción, se deduce la anatomía particular de estos fragmentos, la
fractura y la impotencia que los signan, esa pulsión insensata que los conduce
directamente a las arenas.
De:
“Las puertas del Edén”
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