IX.
Bar de guerra
Con
las muchachas,
con la música, con el salón humeante,
con la risa o gruta de gatos eléctricos:
la maligna jeta amparada en el revólver.
Todo es una serpiente
que se enrosca en sí misma hasta incendiarse.
Amanece.
Rostros pintados escapan del alba
en volátiles de humo y grasa.
Solos
y oscuros. Oscuros, solos.
Las
sillas desiertas; las mesas llanas;
las luces festonadas;
ahogada la canción en las arenas
del fondo de los vasos.
De:
“La casa en marcha”
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