martes, 6 de mayo de 2014

ERICK AGUIRRE



 

Leymus y los versos

 

 

Sí, a veces también cambia la tristeza.

Cuando una noche en Leymus,

echado sobre el monte

contemplaba las estrellas

y recordaba viejos libros,

a los poetas,

creyó que escribir versos

era noble menester

de seres dulces y apacibles.

Y siguió escribiendo loas a la luna

a falta de una buena compañía.

Y era dulce entonces su tristeza.

Amarga es ahora su faena,

porque ya dejó de estar tan solo

y no ha dejado aún de escribir versos.

 

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