lunes, 13 de febrero de 2023

JOSUÉ ANDRÉS MOZ

 

  

Krokodil

Hoy comienzo a escribir como quien llora.
Antonio Colinas

Odio el nombre de mi país por no poder salvarme
William Alfaro

  

I

Primero dios,
segundo dios,
tercero dios…

Abro mi garganta,
juego con la voz de mis amigos muertos
pronuncio —animal adentro—
el abundante sargazo a las orillas de mi sangre.

Alguien clava su cuchillo:
extraviado espejo de la infancia,
limpia marca del derrumbe.

En mi alma dislocada bajo todos los puentes
los hombres entienden que es inútil encariñarse de los pasos perdidos.

 

II

Mi país tiene un nombre que no le pertenece
unas piernas rotas para correr tras el amor
del dios: eternayamargamentedormido,
para permanecer en una bolsa plástica,
y desayunar escuchando el concierto de los gusanos,
para volverse olvido en el olvido,
armario del silencio,
cadáver sepultado a veinte metros de casa.

Putrefacta mi sangre buscando la tuya
celebrando mi funeral
antes de que nadie encuentre mi cuerpo,
antes de que todos lloren el tuyo
(tu cuerpo sobre el asfalto,
con toda la rabia del hombre
con todo el amor de dios).

Tierno siempre dios
tierno su abrazo de plomo, su beso de alambre,
su lengua piadosa lamiendo orfandades.

Todo es un regresar a través de los pasos,
mil novecientos ochenta – mil novecientos noventa y dos,
un viaje inconcluso por la espalda de la bestia,
un desierto bífido, un colmillo roto de coyotes en la sangre,
una vigilia inútil de madres esperando escuchar el golpe de la puerta,
un amanecer con ramos de brazos en el jardín,
un hematoma en el ojo derecho, el puño cerrado de tu padre,
los trece segundos en el suelo, las costillas rotas, la boca azul,
la vecina que mandó a su hijo a morir en otro país,
las primeras cuarenta y ocho horas en bartolinas:
los diez miligramos de desomorfina al jalar el gatillo.

 

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