Carta a mi sagrada vulva
A
ti, vulva innombrable,
te debo todas las palabras,
sábanas de seda,
noche masturbada,
manos abiertas,
múltiples orgasmos,
punzantes lenguas.
A
ti, a tus labios y tu hermoso orificio,
te debo dedos dildos,
aprender a follarte,
sin fallarte,
desfloronar la vergüenza…
nombrarte, lamerte, frotarte y descubrirte clítoris.
A
ti, vilipendiada; cuquita, voladita, florecita,
tantas veces violada y cercenada,
te debo campos de terciopelo,
partos seguros y calzones de algodón.
A
ti, fuente y principio de la vida,
te debo: desfiles en la calle,
monumentos erigidos por tu sagrado monte,
pinturas abstractas,
cultos y marchas.
A
ti, tan oculta y franca,
te debo emanciparme.
A
ti, vulva, vagina, te debo el respeto a cada vello,
alejarte de las pinzas y la cera,
disculparme cada maltrato,
permitirme cada goce,
enseñarte a vibrar,
volverme fuerte,
defenderte.
A
ti, vulva, vagina, ano, ni es no es, ¿cómo es?,
te debo aprender a nombrarte,
decirte lo que te gusta.
A
ti, vulva, lunática,
eternamente menstruante,
te debo el rojo saber de mi sangre.
Vos,
vulva,
hallada culpable de envidiar al pene,
te debo gritar que sos la vida misma,
A ti, te prometo correrme libre.
(2017)
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