domingo, 12 de febrero de 2023

JOSUÉ ANDRÉS MOZ

 

 

Discurso roto
(o Breve autobiografía del caos)

  

A partir de la serie “Pulpos’’ de Efraín Caravantes

 

Hecho de nada soy, por nada aliento;
nada es mi ser y nada mi sentido
Jaime Torres Bodet

 

El niño es capaz de ver la muerte
donde el anciano sólo encuentra el artificio.
Elías Marín

 

 

El cuerpo no soporta el espíritu.

De nuevo hablo de mi carne,
absoluta representación de la renuncia.

De mi costilla: el vacío. Nada nace de mí,
ni siquiera esta lágrima de piedra que se humedece en el poema.

& observo,
lo hago con la ceguera de quien lo ha perdido todo
& sostengo mi corazón como quien entrega un acantilado a los niños.

Más allá de mi puerta
ningún latido

(hijo bastardo de la transparencia de los días,
único huésped de los otros que me habitan,
herida predecible para quienes han visto mis ojos)

¿& hasta dónde llegará mi canto
si todos quieren hablar,
si no calla el cráneo & se rompe,
si todos adentro escriben una fiesta con mi sangre,
si yo escribí mi epitafio allá por mil novecientos noventa & cuatro
& falsifiqué mi ternura para no arruinarle a todos mi infancia,
si la vejez enferma & los enfermos se consideran la última costilla
& no comprenden que los golpes no son sino un eterno retorno
& que cada patada en el rostro del padre
es un puño cerrado sobre los años
& una voz temblorosa que regresa con un megáfono
entre los huesos?

De mi costilla: el vacío. Ninguna herencia para nadie.
El círculo perfecto de todos dentro.
El círculo perfecto de todos fuera. & mi voz:
este pájaro dormido que despierta a quienes lo imaginan muerto,
la enumeración incesante, esta procesión de ídolos rotos
& cuerpos sin rostro. Anónimo el dolor para romper la piel,
para partir las ventanas frente a la negación de la sombra
porque otras son las guerras de este tiempo, la pólvora & los perros,
porque el cristo es el mismo desde el principio de los muertos

Ahora nos queda el ruido: un laberinto nunca transparente,
la caricia invertebrada de lo que no se nombra, la mano sobre la pierna,
el juego inocente de las navajas en la garganta, de los periódicos en la sien.
¿& quién quiere salir si allá afuera es igual el aroma del fracaso?

No se necesita luz para comprender la rosa.
No se necesitan labios para saborear el beso.
Lo que quiero decir: no se encuentra en las palabras.

 

 

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