Sal
a la calle a caminar.
Mira
mientras vas de camino a estudiar,
mientras vas de camino a tu trabajo
o a buscar un trabajo
o a buscar
el sentido de tu vida,
mira
las caras de la gente con quien te cruzas.
Yo
escribo desde San Salvador. ¿Te has dado cuenta,
te has puesto a pensar
en todos los lugares del mundo y de la historia
de los que vienen las caras de la gente
con quien te cruzas en la calle?
Rostros
de reinas y de guerreros y de sabios indígenas;
rostros de mercaderes que cruzaron
las vastas rutas de Asia en caravanas;
rostros de conquistadores y de emigrantes;
de las mujeres de toda Europa
que ellos trajeron a esta tierra en sus barcos;
rostros extranjeros de todo el planeta
que en este día del siglo XXI podrían saludarte
con su voz salvadoreña:
“¡Hey! ¿Qué ondas, vos? ¿Cómo has estado?”.
Mira
esas caras,
esa sonrisa, leve o de oreja a oreja;
esos labios tensos o tristes;
esos sueños, tal vez desdibujados
por niebla o noche.
Mira
el paso,
mira la calma o la prisa,
el modo de mirar mientras caminan
o el modo de evitar
la mirada de todos.
Sal
y mira a la gente y piensa
en el camino que el polvo de estrellas que somos ha recorrido a través de las
eras
para cruzarse contigo en la calle
hoy.
Y
mientras caminas,
mira a los ojos a cuantos puedas
y de pronto podrás recuperar
la humildad,
el reconocimiento
de tu esencia:
que todos somos nadie
y cada uno.
8 de marzo de 2019
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