I.
Obra
Sobre
la mesa, las piedras, los metales,
la unidad en la anónima arcilla,
sin reflejar aún los cuernos de la frente,
acogen la ciega duración
y la arqueología pura de la luz.
Pero
el aire ha comenzado a agitarse,
y la naturaleza otra en oscurecimiento
brilla en el ojo del artífice
—viejo designio en la jornada de su edad—
como en el iris del sueño
las imágenes únicas.
Y la
materia sueña. Y el dios se aviva.
De:
“La casa en marcha”
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