el
cuerpo
¿Te
castigo, te ciego, oscuro cuerpo
que
percutís la tarde con tu ritmo
sensible?
En cada pausa, una necesidad:
comer,
intoxicarse y en la noche
ser
el rayo que parte en dos el tiempo
en
donde burbujeaba la cabeza
y su
electricidad intermitente.
¿Sos
la causa del miedo o el auxilio?
¿Tenés
la idea de la muerte infusa
en
la sangre escarlata, en los pulmones
turbios,
en el estómago irritado
por
las simulaciones del pensamiento?
Ahora
vendrá la noche y dormirán
todos,
incluso yo, tendrás de nuevo
la
seda de tu guante, el cuerpo claro
para
tocar y en el último instante
no
habrá partes ni órganos, ni vos,
nadie
en el plasma intenso de la noche.
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