Todo
acaba
Hay
sobre tu boca un antiguo sufrimiento
que se anuda y se deshace y crece en el silencio,
y la noche, a tu mano sujeta, centellea.
El
pálpito de tu corazón una mano lo aprisiona;
tu voz mezcla el aliento con el humo agónico de la noche;
tus labios son un clavel de sangre que relampaguea.
Dime
qué quieres que yo le conteste a la muerte,
pues veo entre tus pestañas brillar
el gran sueño olvidado de años anteriores
y en el espejo la llama azabache
de tu cabello separado ya de mis manos temblorosas.
Es
como ese fin que siempre recomienza
para vivir donde todo acaba, todo; todo acaba.
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