Fragmento
12
A
nacer lo llamamos «dar a luz», pero muy pronto
la magia se convierte en excremento
y empezamos a ser solo las sombras
de las agujas de un reloj que atrasa.
Llegar a cierta edad marca el momento
de recoger los frutos de las pérdidas,
recolectar cadáveres a diario,
devolver a la tierra las lombrices
que vivieron ocultas en todo lo que amamos.
Lo
perdido se muestra ante nosotros
cada día, cada noche se agarra a nuestro sueño,
resiste en los lugares enigmáticos ocultos a los ojos
igual que una amenaza que no se ha presentido.
Los hongos y bacterias cobran vida
sobre la carne muerta.
Lo que cultivo ahora con esmero
es un jardín sembrado de osamentas
y lo podan las cuchillas
que giran marcando el tiempo.
Sin
embargo, abrimos nuestro circo cada día.
Nos pintamos la cara de payaso,
reímos con la parte convexa de la máscara.
Por
fuera el espectáculo es brillante, pero dentro
todos los magos tienen la chistera
cagada por conejos y palomas.
De:
“Taller de relojería”
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