Pasar
por los días como en bajamar,
al olvido de lo perdido.
Volver
a dejar la casa a la que no hemos de volver,
sus rumores encontrándose en los tiempos.
Pasar
recogiendo los abrazos y los golpes,
fatigándonos a veces, sin escarbar en las orillas.
Volver
sin andamios, hacernos
almas henchidas de barro. Su acuciante vastedad.
Pasar
con los frutos traídos a casa,
amago de barca que sostiene el recuerdo.
Volver
a alzar los brazos al cielo,
olas al peñasco, libres de miedo del ayer,
el
limo preñado de su hondura.
Si
no amo ¿de qué sirve estar vivo, mientras las barcas se alejan?
Pronunciar campanadas que convoquen siempre más allá.
Pasar
como el ave recurrente de la noche:
esos ojos que escrutan la verdad.
Volver
a lo auténtico
como
región exclusiva del poema.
Pasar
de largo el resto
que se contenta apenas con explicarlo.
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