Río
Te
has mirado en la corriente del río
de ti diciendo lo que sabes.
Lo has hecho solo, hundido en la ciénaga
de la que brotan los lirios
y, lejos de juzgar este gesto como una osadía,
con un solo lance lo has comprendido:
es
ésta la verdad que no crees:
una imagen en el agua
siempre es la misma,
aunque el agua fluya constantemente.
Nada
de ti fue a su destino extraviándose,
no se hundió en el lecho del cauce,
ni lo arrastraron los móviles guijarros.
Todo
tú permaneció en la superficie,
igual a ti, a tu incredulidad semejante.
Ni siquiera el vaho de un aliento próximo
disipó tu rostro, como así se advierte en el espejo.
Vuelves
a ser el mismo y las palabras
quedaron enredadas en los cálamos.
Ésas sí: las dispersará el viento sobre la maleza
y perecerán cuando la crecida sobrevenga.
De: “Luz,
más luz”
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