Venida
Saliste
de las sombras,
lento venías hacia mí,
lento manantial, lento, descenso,
lento susurro venías así de brillante a mis ojos,
y te acercabas como viento,
y entré a la gruta de tu corazón,
y, entonces, bebí toda el agua que brotaba de ti, tan clara,
tan fresca, tan oscura.
Tu
venida de sol inesperada, silenciosa,
llenó mis grietas de luz necesaria,
y me elevabas a tu condición de astro intacto,
y descendía a la sima de lo incierto,
porque me habías hecho sombra y no espléndida brisa,
que viajara cantando por el mundo,
como un pájaro por fin libre.
Ah,
tu venida abrió la estancia de sangre,
la estancia del amor que después se cerró.
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