Astrología
casera
En
mi habitación
solo hay libros, prólogos
subrayados, ideas y álbumes.
Finales de novela divididos
según la realidad
apoteósica y familiar.
La
luna como una madre.
El sol como un padre.
Esta o aquella estrella
como un hermano.
La tierra como una hija.
Este
o aquel planeta
como mis muertos.
El
desayuno, el trabajo, las fiestas,
galaxias cotidianas
de una astrología casera
como peleas eternas de Dios
y el Big Bang del libre albedrio.
Mi
padre se sienta en la mesa
a leer el futuro en los periódicos,
un domingo, medio dormido
en medio de una frase:
“En Filipinas exigen castigo…”
Los países son horóscopos.
Mi
madre se queja
de tanto silencio
porque pasa el tiempo,
porque el tiempo vuela.
De repente mi madre ordena
con su voz sagrada y morena:
“Despierta a tu padre”.
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