sábado, 21 de febrero de 2026

CARIDAD GÓMEZ

 

 

 

Prunus dulcis

  

Avanzas por el campo con sosiego
como la lluvia que no cae,
como lo que no
mece el viento.
De fondo la risa de la infancia
y compruebas que hoy, al fin, no te has dejado
para luego.
Sin deudas pendientes te encuentras con el almendro
que, como tú, ha pasado por todas las estaciones
hasta ver brotar sus rosáceos pétalos.
La prontitud de su floración anuncia el fin del invierno.
Acaricias su tronco -joven todavía- y admiras la flor
que nace y que tiene por delante una vida.
Ya no duele la presencia de la tarde. Huele a horizonte.
Respiras el tiempo y se encharcan de calma tus pulmones.
Comprendes que la vida sucede en este instante,
admiras el esplendor de la flor del almendro
y ya no deseas nada que no sea el ahora.

 

De: “De repente, abril”

 

 

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