Bajo
las plumas
Una
vez más acudo a ti
para sentir el peso del rocío
bajo las plumas de tu nave,
que es la mía, que es la nuestra,
tabernáculo pagano de sabiduría.
Pluma
y espuma
que se cohabitan y se requieren
como puñales emboscados
navegando sin rumbo hacia el mar
incendiado de los ensueños.
Plumas
ardientes
que abaten la tristeza
de cada peldaño no cumplido;
espuma que se deshace en flor,
misterioso desorden que origina
la ola del deseo.
Vivir
y morir, he aquí, amor,
la ventura de esta nave,
luz tenue y vaporosa que surca
los océanos azules y profundos
de rémoras pasadas.
Vivir
con el reflujo gris
de la marea, pena y anhelo
que convergen en leve
contrapunto;
Morir
junto al ocaso
de la alborada, púrpura escarlata,
para sentir en cada fragmento
del tiempo que nos demora
el peso del rocío
bajo las plumas de tu nave,
que es la mía, que es la nuestra…
siempre nuestra.
De:
“Tu ofensiva belleza”
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